Ayer presenciamos el enfrentamiento
entre la Arandina CF y el Algeciras CF en el estadio El Montecillo. Medidas de
seguridad como nunca y una excelente entrada, auguraba una fiesta futbolística,
en un horario desacostumbrado. Lo que suele sustanciarse en la expresión un
ambiente diez.
Saltaron los equipos al campo y
nos llevamos la primera sorpresa, en el Algeciras no juegan ni Gabri ni Pavón.
En su lugar, Mario y Willy, por lo tanto, Hermoso quiere jugar como en casa. Y
así lo intenta. Porque Joselu se mete de media punta por el centro, por detrás
Melchor y Willy en punta. Manzano se va a la izquierda, en el puesto de Joselu,
pero jugando por el interior y sin subir en exceso. Está claro, van a
concentrar el juego por el centro, apelotonando al mundo en ese espacio y dejar
la izquierda libre, para alguna apertura a la izquierda y sorprender a la
defensa basculada al centro derecha. Es decir, tal y como juegan en Algeciras,
en su campo.
Me sorprendieron, pero no así al
técnico de la Arandina, que trabajó con ese supuesto y estuvo siempre pendiente
de esa basculación a la izquierda, con lo cual esa posibilidad estuvo siempre
defendida y con perfección.
Digámoslo, el partido se
convirtió en un apasionante juego táctico, donde los entrenadores tuvieron más que
decir, que los propios jugadores, como si supieran desde el primer momento que
aquello no podía dejarse al arbitrio del correr o del jugar, sino del
posicionamiento. Como en una lucha de tropas.

Tal es así que toda jugada que se
producía, considerando movimientos de apertura, era respondida con un
movimiento de cierre del equipo contrario. Sudaron más los entrenadores, que
los propios jugadores.
Recuerdo un ejemplo de la primera
parte, donde pudieron conectar Melchor y Joselu, que pudo abrir a la izquierda,
a Manzano, que había dado dos pasitos, adelante, pero Borja ya estaba allí, y
le impidió el remate.
No hubo más, que el aire del Montecillo parecía más
peligroso que un Algeciras maniatado, igual que la Arandina, pues el entrenador
rival había puesto a Víctor a romper el juego de mediocampo por la derecha que
realiza la Arandina.
La segunda parte fue más de lo
mismo, pero con una Arandina que quería lograr su gol. En este caso, el rostro
griego de Adri ponía racionalidad al juego de la Arandina, a pesar de los
nervios del jugador y que le hicieron fallar en exceso, incluso de cara a
puerta. Pero ese empaque es preciso siempre.
Sin embargo, seguíamos en esa
situación de guerra táctica y el único recurso de la Arandina era el saque de
banda largo, bien defendido por Benito y Merino o el córner, siempre al segundo
palo.
En este periodo hubo una jugada de
la Arandina perfecta, de su juego, por la izquierda, pero defendida a la
perfección por el Algeciras.
El juego de los entrenadores se
manifestó hasta en los cambios. A la salida de Terleira con la finalidad de atacar
a Maiquez, se respondió con la salida de Pavón, medio centro defensivo, que
debía apoyar a Víctor y tapar ese ataque. La salida de Mato, se respondió con
dar entrada a Gabri, un medio campista que se mete tras Melchor y con Pavón,
secaron a Mato. Y el cambio de Gustavo, con la salida de Berlanga.
Partido perfecto de la Arandina y
cuasi perfecto del Algeciras, porque no logró el gol que pretendía. La
Arandina, tiene más posibilidades de ganar en Algeciras.



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